miércoles, 3 de agosto de 2011

El legado de Alana


En los albores del tiempo, Cynos dios de dioses no aguantaba la soledad, así que se dividió en dos, creando así a Krynos, su hermano gemelo, iniciando la ley de la dualidad, donde existe el blanco existe el negro, donde hay luz hay oscuridad, donde habita el bien habita el mal, un día Krynos conocedor de su existencia, intento acabar con Cynos, y así la batalla comenzó, el bien contra el mal, Cynos el creador de mundos contra Krynos el destructor, y termino pagándolo toda vida…
Extracto del libro de los comienzos.

CAPITULO PRIMERO.
Era el Equinoccio de primavera en el año de la libélula morada, en los bosques de Eznas, mientras una vida se apagaba otras iniciaban su andadura…
- Querida, no te puedes marchar, por favor, si te marchas no sabré como criar a nuestros hijos, no me dejes solo, por favor no, Diosa salva a la mujer que amo, llévate mi vida a cambio, por favor –
- Querido, cuidaras bien de nuestros hijos, eres un buen hombre, no dejes que nadie te diga lo contrario, ahora he de marcharme, pero no te preocupes, velare por vosotros desde los campos de la Diosa, coge a Sykem y a Razor y llévatelos lejos, mis hermanas no entenderán lo que ha sucedido, hasta la próxima vida querido –
Y arrodillado junto al cadáver de su amada, lloraba y maldecía a todos los dioses, cogiéndola todavía entre sus brazos escucho el llanto de uno de sus hijos, entonces, alzo la mirada y vio algo a lo que sus ojos no daban crédito, dos varones, dos gemelos productos de su amor en los que ya su propio nacimiento producía un gran dolor, dos niños uno del color del ébano, negro como el carbón, y el otro albino, blanco como la misma nieve, tenía sentimientos encontrados, luchaba por realizar la última voluntad de su amada, pero al mismo tiempo les echaba la culpa de lo ocurrido a sus dos hijos, dos semi-elfos oscuros que lo tendrían muy difícil en su vida, sobre todo aquel pequeño albino, ya que se criarían en el Averno, lugar de donde Thoamros no debería haber salido, así no pasaría por ese dolor tan inmenso, cogió a los dos niños, uno con cada brazo y se marchó dejando a su amada tendida en una alfombra de flores silvestres que empezaban a cubrirla por completo.
Al mismo tiempo en el Árbol madre de la orden de Shava-na se reunía el consejo.
- Hermanas, esto es una ofensa contra nuestra orden, el diablo de ébano se ha llevado a nuestra madre, a la fundadora de nuestra orden, debemos darle caza y exterminar la amenaza de una vez por todas, hermana Selena, usted será la elegida, deberá intentar capturarlo con vida y traerlo ante el comité, en caso de que se resista está autorizada a usar cualquier medio, entiende la gravedad del asunto – decía una sacerdotisa de Shava-na.
- Si reverenda, entiendo la situación y que la diosa se apiade de mi alma si fracaso – contestaba la hermana Selena.
- Muy bien pues, salga en su búsqueda de inmediato, llévese todo lo que necesite, pero tráiganos de vuelta a la fundadora – decía otra de las reverendas del consejo.
Así dio por finalizada la reunión y Selena se puso en camino.
Selena llego a los límites del bosque y encontró rastros de la ropa de la fundadora enganchada en un matorral, también vio muestras de un alumbramiento y un par de pisadas que se dirigían al desierto de fuego, con lo que dedujo que la fundadora había dado a luz y había fallecido en el proceso, pues solo habían un par de huellas.
Tragando saliva se internó en el desierto siguiendo el rastro.
Thoamros cruzaba veloz el desierto de fuego, pues sabía que las hermanas de la orden de Shava-na lo perseguirían tarde o temprano; cargaba a sus dos hijos y en más de una ocasión estuvo tentado de soltarlos y dejarlos morir en medio del desierto, pero siguió adelante, escondiéndose y dando rodeos cada vez que veía algún rastro de los hombres lagarto o de algún asentamiento humano, no deseaba encontrarse con nadie, en cierto momento le pareció ver una silueta a su espalda, ¿podría ser una hermana? ¿O quizás era el excesivo calor que le hacía ver ilusiones?, no se arriesgó y acelero el paso.
Selena seguía el rastro cual sabueso, se percató de que daba rodeos y evitaba todo contacto con los nómadas del desierto, cosa que al no hacer ella, le hizo adelantar y llego a verlo en la distancia en un par de ocasiones.
Thoamros por fin cruzo el desierto con la suerte de cara por no haberse topado con ninguna tormenta subterránea, pero ya estaba desfallecido, necesitaba descansar, y se tumbó en la ladera de la colina a tomar aire, cuando descubrió que le perseguían, pues vio a una de las hermanas a lo lejos, que enseguida fue tapada por una columna de fuego.
Selena estaba a punto de cruzar aquel inferno , acelero el paso al ver a su presa parada a corta distancia, pero tuvo la mala suerte de que le explotara un geiser subterráneo, lanzándola por los aires y destrozándole las piernas, con un grito de angustia se arrastraba, y con lágrimas en los ojos por no haber cumplido su misión deseaba la muerte cuando le pareció ver al ángel destructor acercarse para llevársela, pero era Thoamros que la cogió en volandas y la salvo de una muerte segura, las llamas salían del suelo a su alrededor, a punto estuvieron de no poder contarlo ninguno de los dos, pero la suerte les sonrió y llegaron a cruzar.
Selena sabía que no volvería a andar, pero cuando Thoamros la apoyo en el único árbol en la cima de la colina, toda su misión cambio, el árbol reacciono al contacto y cambio de color, un brillo dorado salía de cada una de sus hojas, y Selena se comunicó con Shava-na.
- Aquí fundare la ciudad de Valis, en honor al valor que has demostrado al salvar a quien era tu enemiga – le decía Selena a Thoamros. – me ha sido mostrado que debo dejarte marchar y crear una nueva rama de Shava-na. –
- Mujer, no sé de qué me estás hablando, pero respeto tus creencias, y te agradezco que me dejes marchar, pero antes de marcharme te hare un refugio y te aprovisionare de víveres para que puedas sobrevivir una temporada – le dijo Thoamros, aunque no era propio de un Elfo Oscuro.
Dejando a sus hijos al cuidado de la hermana Selena comenzó con la construcción del refugio, encontró todo lo que necesitaba al bajar la colina por el lado contrario al desierto.
Pasaron unas semanas antes de que al fin estuviera todo listo…
- Muchas gracias por cuidar de mis hijos este tiempo, ya llego el momento de marcharme – decía Thoamros.
- Thoamros, déjate de monsergas, las gracias debo dártelas yo, gracias por crear este refugio, gracias por llenarlo con víveres y bebida suficiente para toda la estación, y gracias por crearme estas muletas con las que poder moverme, aunque sea de forma limitada – decía Selena, pensando que hacía solo unas semanas Thoamros era un siervo del mal.
Thoamros cogiendo a sus hijos emprendió viaje hacia el único hogar que había conocido, al bajar la colina se giró un instante y le pareció ver entre las ramas del árbol dorado la cara sonriente de su amada, y en sus raíces vio a la hermana Selena envuelta por un haz de luz, y a sus espaldas el modesto refugio que él le había construido, con un suspiro se puso en camino.
Al poco tiempo se presentó una caravana que acaba de cruzar el desierto y con la que iba una hermana de la orden de Shava-na, se acercó al refugio y al ver el árbol dorado quedo petrificada, al reaccionar se dirigió a Selena que estaba allí esperándola.
- Hermana Selena, ¿Qué le ha sucedido? – le pregunto una hermana que había sido enviada a buscarla.
- Hermana Sinties, es largo de contar, pero has de saber que la misión ha sido cumplida, por desgracia la diosa quiso llevarse consigo a la fundadora, y las tormentas del desierto me hicieron esto en las piernas y el diablo murió calcinado - conto Selena.
- Informare enseguida al consejo, ¿podrás regresar en tu estado? – pregunto Sinties.
- Lo lamento hermana, pero mi lugar está ahora aquí – decía Selena.
- Muy bien, en ese caso me marchare inmediatamente con la caravana que está a punto de salir – dijo Sinties – de todas formas ¿necesitas algo? ¿algún mensaje para el consejo? –
- No, muchas gracias, la diosa me provee de todo lo que necesito, pero si deseas volver y hacerme compañía serás bien recibida – contestaba Selena
Dándole dos besos en las mejillas se despidió de ella con la esperanza puesta en que volvería, pues el árbol dorado la había dejado sin habla a Sinties durante más de diez minutos.

Pasaron los años en el Averno, un submundo subterráneo lleno de cuevas y criaturas oscuras y malignas, de las cuales las peores y más caóticas son los elfos oscuros, cuya sociedad matriarcal es dominada por las diferentes Casas en un consejo, en este lugar Sykem y Razor crecieron y su padre se convirtió en un soldado de un grupo de mercenarios renegados sin casa propia, o pertenecientes a casas extinguidas, como era el caso de la casa de Thoamros Kapak, eran los únicos que los aceptaban pues la sociedad Drow es muy estricta con respecto de la pureza de la raza, y el simple hecho de que fueran medio humanos era suficiente, pero con Sykem eran especialmente crueles, puesto que este era albino, su color de piel era muestra suficiente para ellos de que los dioses no aceptaban esa existencia, así que en más de una ocasión intentaron matarlo, y siempre fue Razor el que lo salvaba…
- Hermano, no te preocupes que si alguien ha de matarte, ese seré yo – le dijo un día Razor a Sykem con un semblante serio.
- Hermano, debes saber que te agradezco mucho tu ayuda, y no debes preocuparte por mí, pues mi intención es dejaros, me marchare a la superficie a buscar a nuestra madre – le contesto Sykem
- No seas palurdo, Madre está muerta, no encontraras nada – dijo Razor con un rictus de odio en la cara, girándose y dejando solo a Sykem, con los cuatro atacantes en el suelo.
Siguió pasando el tiempo y llego un momento en el que Sykem vencía a Razor en combate singular, pero Razor, siempre traicionero, acababa por derribar a Sykem, siempre confiado y a la espera de una palabra amorosa de Thoamros, su padre sin embargo jamás hablaba con ellos, ni siquiera les dirigía una mirada, se había vuelto a juntar con una Elfa Oscura de pura cepa a la que dejo embarazada, ahora sus otros dos hijos eran solo una pesadilla que debía olvidar.
Razor ya planeaba convertirse en el líder del clan, de convertir al grupo de mercenarios en una fuerza a tener en cuenta a la hora de gobernar la ciudad, y Sykem cada día más cerca de abandonarlo todo y subir a la superficie en busca de una madre que sabía que estaba muerta, aun así, deseaba ver con sus propios ojos, el lugar al que pertenecía, pensando que en la superficie encontraría la respuesta a la pregunta que le martirizaba, ¿Dónde estaba el lugar al que podría llamar hogar?.
Y el tiempo siguió pasando, ya habían pasado más de dos siglos desde que nacieron, Razor ya lo tenía todo listo para dar el golpe de estado y Sykem había conseguido convencer a su hermano menor para que indagara todo lo que pudiera sobre el origen de Sykem y Razor, Orgi era todavía joven y manipulable pero aun así muy despierto y precoz, fruto de Thoamros con Stosys, una Elfa Oscura de la casa Joysword, una casa también extinta, después de un tiempo insistiendo consiguió fragmentos de información que a Sykem le vinieron muy bien.
Sykem estaba a punto de partir, cuando Razor se acercó por la espalda…
-Querido hermano, ¿Dónde piensas que vas? ¿No te das cuenta de que eres parte de mi plan? – le dijo Razor susurrándole en el oído.
- Razor, ya te dije que he de marcharme, no voy a quedarme por más tiempo – dijo Sykem con los pelos del brazo como escarpias.
- Tienes razón, hermano, ibas en busca de Madre, no te preocupes, no vas a tener que buscarla en la superficie, te voy a mandar directamente con ella – le dijo Razor mientras con un cuchillo embadurnado de una toxina paralizante le hacía un corte en el brazo dejándolo totalmente indefenso.
- Vas a ser el sacrificio que necesito para acceder al poder de los dioses, voy a convertirme en el primer Sacerdote Elfo Oscuro, ya te avise de que sería yo el que te matara – le dijo a Sykem mientras este se desplomaba – Cogedlo y llevadlo a la cámara, necesito que este todo listo lo antes posible – le dijo a los guardias de confianza que tenía detrás de él.
Cuando estuvo allí, atado a la mesa con cadenas, Sykem pensaba que iba a ser su final, y sin embargo estaba en paz consigo mismo…
-Hermano, yo te perdono, no te guardo ningún rencor por lo que estas a punto de hacer – le dijo Sykem a Razor con una sonrisa en la boca, cosa que molesto muchísimo a su hermano el cual lo golpeo hasta cansarse.
- Maldita seas, ahora he de esperar a que vuelvas a estar consciente, hermanito – le dijo Razor a Sykem mientras este yacía inconsciente.
Al despertar Sykem escucho un revuelo en el exterior de la cámara, y vio entrar a su hermano menor Orgi, un genio precoz en las artes de las emboscadas y el camuflaje…
- Hermano he venido a salvarte, ¿te encuentras lo suficientemente bien como para huir? – le pregunto Orgi
- Si, suelta estas cadenas y vete, escóndete, que Razor no te vea ni te relacione con esto –
- Eso ya es imposible hermano, quiero ir contigo, los guardias me han visto –
- Muy bien, pues vámonos, primero he de pasar a recoger las bolsas de mis aposentos –
- No es necesario hermano, ya las he cogido, las tengo a las afueras de la ciudad –
- Me sorprendes, pero me alegro de tenerte a mi lado, vámonos –
Así se pusieron en marcha hacia el exterior, pero antes de salir de la ciudad Razor mando a sus tropas leales a buscarlo por los exteriores, mientras él en persona iba a buscar a su padre.
Huían como los fugitivos en los que se habían convertido, toda la ciudad estaba alerta, pero ellos ya se encontraban fuera, camino al exterior, camino a la libertad, pero cuando de pronto escucharon la voz de su padre en la distancia, desde una de las cuevas laterales de la ciudad, se sorprendieron.
- Sykem, Orgi, venid aquí, con vuestro padre, no se tomaran represalias contra vosotros, no os preocupéis, mis queridos hijos –
- Padre, es que quiero irme con Sykem, es mi hermano y va a estar muy solo en la superficie – decía Orgi acercándose a la voz de su padre.
- Orgi, no te acerques a Padre, es una trampa, corre, huye – dijo Sykem que al escuchar tales palabras de su Padre, supo que no era propio de Thoamros.
Pero Orgi con su inocencia de la infancia todavía intacta no hizo caso y se acercó, con las consecuencias de ser capturado por una red metálica, y apareciendo una cuadrilla de mercenarios liderados por su propio padre y a su derecha estaba Razor, sonriente, esa fue la última vez que Sykem vio a su familia, pues corrió tan rápido como pudo, perdiéndose por el camino, sus perseguidores lo siguieron y lo dieron por muerto cuando lo vieron caer por una grieta, pero él, mientras caía consiguió agarrarse a un saliente e introducirse por la abertura de una cueva lateral, estuvo dando vueltas, luchando por su supervivencia, mataba toda criatura con la que se encontraba, comiendo su carne y bebiendo sus fluidos, con miedo de encender un fuego por si su hermano seguía buscándolo, pero al fin, después de unas semanas salió a la superficie.
Cuando llego a la superficie era de noche, un cielo cubierto de estrellas le saludaba, y el sonido de agua corriendo le llamaba, pero antes de continuar decidió lanzarse un hechizo que había aprendido a escondidas, como protección al fuego por todas las historias que había escuchado de la superficie, sobre la bola de fuego que aparecía en el techo del mundo de arriba, se acercó al borbotar del agua con sigilo y mucha precaución, sin fiarse de estar a salvo todavía, y cuando vio el rio, instintivamente metió la cabeza dentro y empezó a beber como si fuera lo último que fuera a hacer, después de saciar su sed, se dio cuenta de lo agotado y hambriento que estaba, pero aún estaba muy cerca de la salida, así que ando hasta que sus piernas ya no pudieron más, siguiendo el cauce del rio, llego a lo alto de una colina, desde donde contemplaba un poblado humano, pero tenía miedo, pues no sabía cómo reaccionarían ante él, ya que pensaba que lo insultarían e intentarían matarlo, igual que sus familiares y parientes, así que se quedó en la cima de la colina y subiéndose a un árbol mirando las casas de los humanos, tan frágiles y llamativas se quedó dormido.

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