En los albores del tiempo, Cynos dios de dioses no aguantaba la
soledad, así que se dividió en dos, creando así a Krynos, su hermano gemelo,
iniciando la ley de la dualidad, donde existe el blanco existe el negro, donde
hay luz hay oscuridad, donde habita el bien habita el mal, un día Krynos conocedor
de su existencia, intento acabar con Cynos, y así la batalla comenzó, el bien
contra el mal, Cynos el creador de mundos contra Krynos el destructor, y
termino pagándolo toda vida…
Extracto del libro de los
comienzos.
CAPITULO PRIMERO.
Era el Equinoccio de primavera
en el año de la libélula morada, en los bosques de Eznas, mientras una vida se
apagaba otras iniciaban su andadura…
- Querida, no te puedes
marchar, por favor, si te marchas no sabré como criar a nuestros hijos, no me
dejes solo, por favor no, Diosa salva a la mujer que amo, llévate mi vida a
cambio, por favor –
- Querido, cuidaras bien de
nuestros hijos, eres un buen hombre, no dejes que nadie te diga lo contrario,
ahora he de marcharme, pero no te preocupes, velare por vosotros desde los
campos de la Diosa, coge a Sykem y a Razor y llévatelos lejos, mis hermanas no
entenderán lo que ha sucedido, hasta la próxima vida querido –
Y arrodillado junto al cadáver
de su amada, lloraba y maldecía a todos los dioses, cogiéndola todavía entre
sus brazos escucho el llanto de uno de sus hijos, entonces, alzo la mirada y
vio algo a lo que sus ojos no daban crédito, dos varones, dos gemelos productos
de su amor en los que ya su propio nacimiento producía un gran dolor, dos niños
uno del color del ébano, negro como el carbón, y el otro albino, blanco como la
misma nieve, tenía sentimientos encontrados, luchaba por realizar la última
voluntad de su amada, pero al mismo tiempo les echaba la culpa de lo ocurrido a
sus dos hijos, dos semi-elfos oscuros que lo tendrían muy difícil en su vida,
sobre todo aquel pequeño albino, ya que se criarían en el Averno, lugar de
donde Thoamros no debería haber salido, así no pasaría por ese dolor tan
inmenso, cogió a los dos niños, uno con cada brazo y se marchó dejando a su
amada tendida en una alfombra de flores silvestres que empezaban a cubrirla por
completo.
Al mismo tiempo en el Árbol
madre de la orden de Shava-na se reunía el consejo.
- Hermanas, esto es una ofensa
contra nuestra orden, el diablo de ébano se ha llevado a nuestra madre, a la
fundadora de nuestra orden, debemos darle caza y exterminar la amenaza de una
vez por todas, hermana Selena, usted será la elegida, deberá intentar
capturarlo con vida y traerlo ante el comité, en caso de que se resista está
autorizada a usar cualquier medio, entiende la gravedad del asunto – decía una
sacerdotisa de Shava-na.
- Si reverenda, entiendo la
situación y que la diosa se apiade de mi alma si fracaso – contestaba la
hermana Selena.
- Muy bien pues, salga en su búsqueda
de inmediato, llévese todo lo que necesite, pero tráiganos de vuelta a la
fundadora – decía otra de las reverendas del consejo.
Así dio por finalizada la
reunión y Selena se puso en camino.
Selena llego a los límites del
bosque y encontró rastros de la ropa de la fundadora enganchada en un matorral,
también vio muestras de un alumbramiento y un par de pisadas que se dirigían al
desierto de fuego, con lo que dedujo que la fundadora había dado a luz y había
fallecido en el proceso, pues solo habían un par de huellas.
Tragando saliva se internó en
el desierto siguiendo el rastro.
Thoamros cruzaba veloz el
desierto de fuego, pues sabía que las hermanas de la orden de Shava-na lo
perseguirían tarde o temprano; cargaba a sus dos hijos y en más de una ocasión
estuvo tentado de soltarlos y dejarlos morir en medio del desierto, pero siguió
adelante, escondiéndose y dando rodeos cada vez que veía algún rastro de los
hombres lagarto o de algún asentamiento humano, no deseaba encontrarse con
nadie, en cierto momento le pareció ver una silueta a su espalda, ¿podría ser
una hermana? ¿O quizás era el excesivo calor que le hacía ver ilusiones?, no se
arriesgó y acelero el paso.
Selena seguía el rastro cual
sabueso, se percató de que daba rodeos y evitaba todo contacto con los nómadas
del desierto, cosa que al no hacer ella, le hizo adelantar y llego a verlo en
la distancia en un par de ocasiones.
Thoamros por fin cruzo el
desierto con la suerte de cara por no haberse topado con ninguna tormenta
subterránea, pero ya estaba desfallecido, necesitaba descansar, y se tumbó en
la ladera de la colina a tomar aire, cuando descubrió que le perseguían, pues
vio a una de las hermanas a lo lejos, que enseguida fue tapada por una columna
de fuego.
Selena estaba a punto de cruzar
aquel inferno , acelero el paso al ver a su presa parada a corta distancia,
pero tuvo la mala suerte de que le explotara un geiser subterráneo, lanzándola
por los aires y destrozándole las piernas, con un grito de angustia se
arrastraba, y con lágrimas en los ojos por no haber cumplido su misión deseaba
la muerte cuando le pareció ver al ángel destructor acercarse para llevársela,
pero era Thoamros que la cogió en volandas y la salvo de una muerte segura, las
llamas salían del suelo a su alrededor, a punto estuvieron de no poder contarlo
ninguno de los dos, pero la suerte les sonrió y llegaron a cruzar.
Selena sabía que no volvería a
andar, pero cuando Thoamros la apoyo en el único árbol en la cima de la colina,
toda su misión cambio, el árbol reacciono al contacto y cambio de color, un
brillo dorado salía de cada una de sus hojas, y Selena se comunicó con
Shava-na.
- Aquí fundare la ciudad de
Valis, en honor al valor que has demostrado al salvar a quien era tu enemiga –
le decía Selena a Thoamros. – me ha sido mostrado que debo dejarte marchar y
crear una nueva rama de Shava-na. –
- Mujer, no sé de qué me estás
hablando, pero respeto tus creencias, y te agradezco que me dejes marchar, pero
antes de marcharme te hare un refugio y te aprovisionare de víveres para que
puedas sobrevivir una temporada – le dijo Thoamros, aunque no era propio de un
Elfo Oscuro.
Dejando a sus hijos al cuidado
de la hermana Selena comenzó con la construcción del refugio, encontró todo lo
que necesitaba al bajar la colina por el lado contrario al desierto.
Pasaron unas semanas antes de
que al fin estuviera todo listo…
- Muchas gracias por cuidar de
mis hijos este tiempo, ya llego el momento de marcharme – decía Thoamros.
- Thoamros, déjate de
monsergas, las gracias debo dártelas yo, gracias por crear este refugio,
gracias por llenarlo con víveres y bebida suficiente para toda la estación, y
gracias por crearme estas muletas con las que poder moverme, aunque sea de
forma limitada – decía Selena, pensando que hacía solo unas semanas Thoamros era
un siervo del mal.
Thoamros cogiendo a sus hijos
emprendió viaje hacia el único hogar que había conocido, al bajar la colina se giró
un instante y le pareció ver entre las ramas del árbol dorado la cara sonriente
de su amada, y en sus raíces vio a la hermana Selena envuelta por un haz de
luz, y a sus espaldas el modesto refugio que él le había construido, con un
suspiro se puso en camino.
Al poco tiempo se presentó una
caravana que acaba de cruzar el desierto y con la que iba una hermana de la
orden de Shava-na, se acercó al refugio y al ver el árbol dorado quedo
petrificada, al reaccionar se dirigió a Selena que estaba allí esperándola.
- Hermana Selena, ¿Qué le ha
sucedido? – le pregunto una hermana que había sido enviada a buscarla.
- Hermana Sinties, es largo de
contar, pero has de saber que la misión ha sido cumplida, por desgracia la
diosa quiso llevarse consigo a la fundadora, y las tormentas del desierto me
hicieron esto en las piernas y el diablo murió calcinado - conto Selena.
- Informare enseguida al
consejo, ¿podrás regresar en tu estado? – pregunto Sinties.
- Lo lamento hermana, pero mi
lugar está ahora aquí – decía Selena.
- Muy bien, en ese caso me
marchare inmediatamente con la caravana que está a punto de salir – dijo
Sinties – de todas formas ¿necesitas algo? ¿algún mensaje para el consejo? –
- No, muchas gracias, la diosa
me provee de todo lo que necesito, pero si deseas volver y hacerme compañía
serás bien recibida – contestaba Selena
Dándole dos besos en las
mejillas se despidió de ella con la esperanza puesta en que volvería, pues el
árbol dorado la había dejado sin habla a Sinties durante más de diez minutos.
Pasaron los años en el Averno,
un submundo subterráneo lleno de cuevas y criaturas oscuras y malignas, de las
cuales las peores y más caóticas son los elfos oscuros, cuya sociedad
matriarcal es dominada por las diferentes Casas en un consejo, en este lugar
Sykem y Razor crecieron y su padre se convirtió en un soldado de un grupo de
mercenarios renegados sin casa propia, o pertenecientes a casas extinguidas,
como era el caso de la casa de Thoamros Kapak, eran los únicos que los
aceptaban pues la sociedad Drow es muy estricta con respecto de la pureza de la
raza, y el simple hecho de que fueran medio humanos era suficiente, pero con
Sykem eran especialmente crueles, puesto que este era albino, su color de piel
era muestra suficiente para ellos de que los dioses no aceptaban esa
existencia, así que en más de una ocasión intentaron matarlo, y siempre fue
Razor el que lo salvaba…
- Hermano, no te preocupes que
si alguien ha de matarte, ese seré yo – le dijo un día Razor a Sykem con un
semblante serio.
- Hermano, debes saber que te
agradezco mucho tu ayuda, y no debes preocuparte por mí, pues mi intención es
dejaros, me marchare a la superficie a buscar a nuestra madre – le contesto
Sykem
- No seas palurdo, Madre está
muerta, no encontraras nada – dijo Razor con un rictus de odio en la cara,
girándose y dejando solo a Sykem, con los cuatro atacantes en el suelo.
Siguió pasando el tiempo y
llego un momento en el que Sykem vencía a Razor en combate singular, pero
Razor, siempre traicionero, acababa por derribar a Sykem, siempre confiado y a
la espera de una palabra amorosa de Thoamros, su padre sin embargo jamás
hablaba con ellos, ni siquiera les dirigía una mirada, se había vuelto a juntar
con una Elfa Oscura de pura cepa a la que dejo embarazada, ahora sus otros dos
hijos eran solo una pesadilla que debía olvidar.
Razor ya planeaba convertirse
en el líder del clan, de convertir al grupo de mercenarios en una fuerza a
tener en cuenta a la hora de gobernar la ciudad, y Sykem cada día más cerca de
abandonarlo todo y subir a la superficie en busca de una madre que sabía que
estaba muerta, aun así, deseaba ver con sus propios ojos, el lugar al que
pertenecía, pensando que en la superficie encontraría la respuesta a la
pregunta que le martirizaba, ¿Dónde estaba el lugar al que podría llamar
hogar?.
Y el tiempo siguió pasando, ya
habían pasado más de dos siglos desde que nacieron, Razor ya lo tenía todo
listo para dar el golpe de estado y Sykem había conseguido convencer a su
hermano menor para que indagara todo lo que pudiera sobre el origen de Sykem y
Razor, Orgi era todavía joven y manipulable pero aun así muy despierto y
precoz, fruto de Thoamros con Stosys, una Elfa Oscura de la casa Joysword, una
casa también extinta, después de un tiempo insistiendo consiguió fragmentos de
información que a Sykem le vinieron muy bien.
Sykem estaba a punto de partir,
cuando Razor se acercó por la espalda…
-Querido hermano, ¿Dónde
piensas que vas? ¿No te das cuenta de que eres parte de mi plan? – le dijo
Razor susurrándole en el oído.
- Razor, ya te dije que he de
marcharme, no voy a quedarme por más tiempo – dijo Sykem con los pelos del
brazo como escarpias.
- Tienes razón, hermano, ibas
en busca de Madre, no te preocupes, no vas a tener que buscarla en la
superficie, te voy a mandar directamente con ella – le dijo Razor mientras con
un cuchillo embadurnado de una toxina paralizante le hacía un corte en el brazo
dejándolo totalmente indefenso.
- Vas a ser el sacrificio que
necesito para acceder al poder de los dioses, voy a convertirme en el primer Sacerdote
Elfo Oscuro, ya te avise de que sería yo el que te matara – le dijo a Sykem
mientras este se desplomaba – Cogedlo y llevadlo a la cámara, necesito que este
todo listo lo antes posible – le dijo a los guardias de confianza que tenía
detrás de él.
Cuando estuvo allí, atado a la
mesa con cadenas, Sykem pensaba que iba a ser su final, y sin embargo estaba en
paz consigo mismo…
-Hermano, yo te perdono, no te
guardo ningún rencor por lo que estas a punto de hacer – le dijo Sykem a Razor
con una sonrisa en la boca, cosa que molesto muchísimo a su hermano el cual lo
golpeo hasta cansarse.
- Maldita seas, ahora he de
esperar a que vuelvas a estar consciente, hermanito – le dijo Razor a Sykem
mientras este yacía inconsciente.
Al despertar Sykem escucho un
revuelo en el exterior de la cámara, y vio entrar a su hermano menor Orgi, un
genio precoz en las artes de las emboscadas y el camuflaje…
- Hermano he venido a salvarte,
¿te encuentras lo suficientemente bien como para huir? – le pregunto Orgi
- Si, suelta estas cadenas y
vete, escóndete, que Razor no te vea ni te relacione con esto –
- Eso ya es imposible hermano,
quiero ir contigo, los guardias me han visto –
- Muy bien, pues vámonos,
primero he de pasar a recoger las bolsas de mis aposentos –
- No es necesario hermano, ya
las he cogido, las tengo a las afueras de la ciudad –
- Me sorprendes, pero me alegro
de tenerte a mi lado, vámonos –
Así se pusieron en marcha hacia
el exterior, pero antes de salir de la ciudad Razor mando a sus tropas leales a
buscarlo por los exteriores, mientras él en persona iba a buscar a su padre.
Huían como los fugitivos en los
que se habían convertido, toda la ciudad estaba alerta, pero ellos ya se
encontraban fuera, camino al exterior, camino a la libertad, pero cuando de
pronto escucharon la voz de su padre en la distancia, desde una de las cuevas
laterales de la ciudad, se sorprendieron.
- Sykem, Orgi, venid aquí, con
vuestro padre, no se tomaran represalias contra vosotros, no os preocupéis, mis
queridos hijos –
- Padre, es que quiero irme con
Sykem, es mi hermano y va a estar muy solo en la superficie – decía Orgi
acercándose a la voz de su padre.
- Orgi, no te acerques a Padre,
es una trampa, corre, huye – dijo Sykem que al escuchar tales palabras de su
Padre, supo que no era propio de Thoamros.
Pero Orgi con su inocencia de
la infancia todavía intacta no hizo caso y se acercó, con las consecuencias de
ser capturado por una red metálica, y apareciendo una cuadrilla de mercenarios
liderados por su propio padre y a su derecha estaba Razor, sonriente, esa fue
la última vez que Sykem vio a su familia, pues corrió tan rápido como pudo,
perdiéndose por el camino, sus perseguidores lo siguieron y lo dieron por
muerto cuando lo vieron caer por una grieta, pero él, mientras caía consiguió
agarrarse a un saliente e introducirse por la abertura de una cueva lateral,
estuvo dando vueltas, luchando por su supervivencia, mataba toda criatura con
la que se encontraba, comiendo su carne y bebiendo sus fluidos, con miedo de
encender un fuego por si su hermano seguía buscándolo, pero al fin, después de
unas semanas salió a la superficie.
Cuando llego a la superficie
era de noche, un cielo cubierto de estrellas le saludaba, y el sonido de agua
corriendo le llamaba, pero antes de continuar decidió lanzarse un hechizo que
había aprendido a escondidas, como protección al fuego por todas las historias
que había escuchado de la superficie, sobre la bola de fuego que aparecía en el
techo del mundo de arriba, se acercó al borbotar del agua con sigilo y mucha
precaución, sin fiarse de estar a salvo todavía, y cuando vio el rio,
instintivamente metió la cabeza dentro y empezó a beber como si fuera lo último
que fuera a hacer, después de saciar su sed, se dio cuenta de lo agotado y
hambriento que estaba, pero aún estaba muy cerca de la salida, así que ando
hasta que sus piernas ya no pudieron más, siguiendo el cauce del rio, llego a
lo alto de una colina, desde donde contemplaba un poblado humano, pero tenía
miedo, pues no sabía cómo reaccionarían ante él, ya que pensaba que lo
insultarían e intentarían matarlo, igual que sus familiares y parientes, así
que se quedó en la cima de la colina y subiéndose a un árbol mirando las casas
de los humanos, tan frágiles y llamativas se quedó dormido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario